Después de pasar unos 2 días allí continué
viaje, subiendo en dirección al norte y pasando uno por uno por todos los
pueblitos y balnearios costeños que me regalaban otra visión del Ecuador, mucho
más humilde, de construcciones más sencillas, pero no por eso menos atractivas.
Playas, playas y muchas más playas para todos
los gustos…
Ballenita, Ayampe con su hermosísima y calma
bahía repleta de botecitos de pescadores que aguardaban la hora de salir a alta
mar.