TORTUGUERO, un paraíso del Caribe Norte Costarrisense

Sobre la Costa Caribeña pero más al norte, se encuentra un sitio inaccesible en vehículo, ubicado en medio de la Selva Tropical lluviosa, entre ríos, canales y el mar.
Para llegar hasta allí toda una travesía. Victor (quien  me hospeda en su casa de Jiménez de Pococi) me llevó hasta la terminal de Guápiles donde tome un bus por poco más de 1 dólar hacia Cariari. Unos 50 minutos después, en Cariari, un segundo bus que parte sólo 3 veces al día destino “La Pavona”.
Bajo lluvia, como es típico en esta región, y acompañada de locatarios que iban a los pueblos cercanos, me subí, observando el recorrido por caminos rústicos, pozos, piedras y precarios puentes que hacían temer que no soportaran el peso del bus.
A los lados fincas y plantaciones de frutales, bananos papaya y guanábanas en su mayoría. Hora y media más tarde, había llegado a La Pavona. Me había imaginado un pueblo, pero no, La Pavona sólo es una estructura grande hecha en Madera, que funciona como terminal y tiene un restaurant, baños, y algún que otro negocio pequeño para que los turistas que llegan puedan consumir algo mientras esperan las lanchas.
Eran las 10 y media de la mañana y la mayoría de la gente que había en el lugar eran europeos y norteamericanos. La Pavona es el punto final vía terrestre y queda a un lado de uno de los canales que desembocan en Tortuguero. Decenas de lanchas esperan el arribo del bus que viene de Cariari, para llevar a los turistas hasta Tortugero.
Allí embarque en una de estas lanchas que afortunadamente tenía techo (el clima lluvioso del lugar obliga). Y empezó la travesía por el río zigzagueante. Me hizo recordar al amazonas pero en pequeño. Aguas marrones habitadas por cocodrilos y caimanes y a los lados manglares y mucha selva. Árboles caidos incluso dentro del río. Los días anteriores había habido inundaciones y supongo que eso llevaría también a que encontrara tantos árboles tirados.
Las lanchas van y vienen, se nota que conocen el camino, las profundidads del río y cómo esquivar los obstáculos. Iba con algo de miedo porque mi experiencia me indicaba q estas lanchas suelen manejar muy rápido pero afortunadamente en este caso, lo estrecho de los canales y la forma de zigzag les impedia tomar demasiada velocidad.
Estos canales algunos naturales formados por los mismo ríos y otros artificiales que fueron construidos para trasladar las maderas  de los aserraderos que en algún momento de la historia existieron por aquí.. Por esos mismos ríos se llega al Mar Caribe, o incluso se puede cruzar hasta Nicaragua.
Desde que subí en La pavona todo ese trayecto pertenece al Parque Nacional Tortuguero, lo que lo hace estar protegido de la devastación del ser humano.
En el camino conocí a Marta, una chica Nicaragüense que viajaba con su hijo el pequeño Nico. Charla va, charla viene, en el camino me contó que vive hace 8 años en el lugar. El pueblo ronda los 1000 habitantes, número que se alcanzó en los últimos tiempos por la explotación turística. Me habló de Enrique, el único uruguayo que vive en Tortuguero y es dueño del Budda Café donde ella trabaja como extras algunas veces, y me invitó a visitarlo.
Unos 40 minutos después, llegué a Tortuguero. Apenas baje de la lancha una decena de guías locales ofreciendo uno u otro tour, la mayoría embarcados para visitar otros canales más estrechos, paseos en Canoa, observación de aves y animales selváticos.
En mi caso, era una visita por el día, así que no tenía tiempo para realizar alguno. Baje, pedí información turística y me dieron un mapita en el que se divisaba lo pequeño del lugar.
En Tortuguero no hay automóviles, no son necesarios. Una única principal hecha de hormigón es el sendero peatonal por el que uno avanza. A los lados casitas rústicas, con un encanto especial. Construcciones en su mayoría de
madera y sobre pilotes, preparadas para las inundaciones y las intensas lluvias que caen en el lugar.
Tortuguero está rodeado por agua, de un lado el río por el que llegan las embarcaciones y a unos 100 metros, del lado opuesto, el mar caribe, por donde llegan las Tortugas.
 “Tortuguero”, o lugar de tortugas, fue nombrado así por los cientos de tortugas verdes que en esta región desovan. La tortuga verde siempre ha sido importante fuente de proteína para los habitantes de las costas, y en tiempos pasados era importante en el comercio extranjero e interno.
Durante la época Pre-colombina el indígena comía la carne y usaba la grasa como mantequilla. Eran tantas que cuando Cristóbal Colon llego a la zona mencionó que habían tantas tortugas que se amontonaban en el mar como pequeñas rocas.
Después del siglo 18 buques mercantes paraban en Tortuguero con regularidad para pescar tortugas antes de regresar a sus tierras. Las tortugas eran importantes porque proveían carne fresca a los largos tránsitos marinos ya que, fuera del sol y roseadas con agua, se mantenían vivas por mucho tiempo. En el siglo 19, desde Tortuguero salían frecuentes embarques de tortugas verdes para Inglaterra, donde la sopa de tortuga se había hecho un popular manjar.
Para suplir los apetitos norteamericanos y europeos la caza de tortugas se intensificó a su extremo en la primera mitad del siglo 20. En Tortuguero, las tortugas llegando a desovar eran sistemáticamente cazadas. Por cada una de las 22 millas a lo largo de la playa, había un “velador”, encargado de volcar cada tortuga que salía dentro de su milla. Entonces le amarraban un leño a la aleta anterior. Cuando el bote tortuguero pasaba a recoger las tortugas boyantes, las soltaban a la orilla del mar. Esta costumbre que casi acabó con las tortugas de la zona, cesó en 1960, cuando fueron promulgadas leyes de protección.
Con la creación del Parque nacional Tortuguero, el poblado que hasta entonces sólo contaba con un centenar de habitantes, poco a poco ha ido creciendo, siendo hoy un atractivo muy importante para los turistas que llegan a ver de cerca a las tortugas que aún siguen llegando a desovar.
La tortuga marina nace en la tierra, y aparte de las breves arribadas para desovar, pasa la vida entera en el mar. Tortuguero es la más importante playa para el desove de la tortuga verde en el Océano atlántico occidental.
La tortuga verde hembra, no solamente puede identificar una costa en particular para desovar, sino que regresa una y otra vez a la misma sección de esa playa.
Durante cada migración desova de 2 a 5 veces, en intervalos de unos 12 días, poniendo alrededor de unos 100 huevos.
Maravillosa y asombrosa la madre naturaleza! Ojala el ser humano tome conciencia de una vez, y paremos la depredación y la contaminación que dejamos en los mares, causa de muerte de tantos especímenes…








Archipiélago de San Blas...un paraíso de película

San Blas es un archipiélago formado por 365 islas de portarretrato, con sus arenas blancas, las aguas turquesas cálidas propias del caribe y cientos de palmeras. Pertenecen a la Comuna Kuna Yala.
Los Kuna Yala son indígenas de origen colombiano que hace unos 400 años fueron avanzando por la selva del Darien en busca de alimento, un mejor sitio donde vivir y también huyendo de otros grupos mas salvajes que vivían allí.
Casi que de "casualidad" se encontraron con este paraíso conformado por todas estas islas, y comenzaron a habitarlas  y a explotar sus aguas obteniendo el alimento de la pesca.
Con el correr de los años, una vez establecido el país de Panamá como tal, lucharon por sus derechos y el gobierno Panameño declaro su comarca.
Hoy son ellos los únicos que explotan el turismo en estas islas.
De las 365 islas sólo algunas están densamente pobladas, las mas cercanas al continente. Algunas pertenecen a familias Kunas, ya que se dice que al comienzo el Kuna que primero llegara a una isla y plantara su palmera cocotera allí, pasaba a ser el propietario. Otras pertenecen a la comunidad, y su explotación turística regresa a la comuna en un 50%. La otra mitad va para la familia que la este "cuidando", rotándose cada 6 meses las familias encargadas de cuidar cada isla.
Tuve la suerte de visitar la comuna acompañada de unos amigos locatarios que a menudo concurren a San Blas para pasar un fin de semana. Avanzamos en su 4x4 curva tras curva por el terreno hasta llegar a la Costa desde donde salen las embarcaciones. Allí nos esperaba una embarcación que nos llevo a la isla Bidir dub, a unos 40 minutos de la costa. 
Apenas llegamos al puerto se largo un diluvio que nos mojo prácticamente todo lo que llevábamos, igual subimos a la embarcación, y como clim
a tropical que es, llegando a la isla empezó a salir el sol.
En el camino islas de todos los tamaños, algunas muy habitadas y otras con apenas 2 palmeras, otras hundidas en el agua, tanto que apenas se le veían los techos de algunas construcciones.
La nuestra, una hermosa isla de unos 100 metros de largo por unos 30 de ancho, con muchas palmeras y una sola choza habitada por los kunas encargados. Un baño de material con duchas, y nada mas… Allí acampamos felices entre las palmeras. El agua transparente, turquesa con una barrera de corales alrededor en la que disfrutamos de hacer snorkel.
Pasamos 2 noches disfrutando de este paraíso, realmente una experiencia única en una isla exótica. Arena, palmeras, sol y unas aguas cálidas únicas.
El archipiélago de San Blas es un paraíso único que dan ganas de tomarse un año sabático para recorrerlo por completo: una isla por día!!!











Ciudad de PANAMÁ

La ciudad de Panamá, internacionalmente conocida por su famoso canal que une dos grandes masas de agua como lo son el océano Atlántico y el Pacífico, me sorprendió por su modernidad con altos y lujosos edificios bordeando su extensa cinta costera, imagen que me recordó a la popular Miami.
Una ciudad que se ha convertido en un “Crisol de razas” como le dicen por aquí, ya que la prosperidad económica producto de los altos ingresos de capitales que da el canal, ha hecho que personas de múltiples nacionalidades hayan emigrado hasta aquí, en busca de una mejor calidad de vida para sus familias.

Ordenada y segura, una ciudad que no despreciaría si tuviese que elegir un sitio donde establecerme…esa misma valoración que han hecho miles de extranjeros que hoy casi que superan en número incluso a los propios Panameños.
Dentro de los atractivos turísticos que la ciudad ofrece están el Casco histórico con construcciones que datan de la época de la conquista, Panamá  Viejo con sus ruinas, el Cerro Ancón con una vista privilegiada, y la vedette de todas: “El Canal de Panamá”.
Al visitarlo no pude evitar maravillarme por los logros que la ingeniería ha hecho en esta parte del continente, para unir los dos océanos y así evitar que los barcos gasten fortunas en combustible para pasar de un océano a otro, bordeando el continente Americano, como lo hacían antiguamente. Los ingenieros han logrado dragar ríos como por ejemplo el Gatún para que por ellos circulen las gigantes embarcaciones.
El funcionamiento del Canal es el simple: como los océanos se encuentran 21 metros por debajo que el nivel del río, las embarcaciones al ingresar al canal de Panamá, son elevadas. Las compuertas se cierran y un sistema de circulación de agua llena las esclusas hasta lograr el nivel del río. Una vez en el mismo nivel siguen su curso por el río hasta llegar al otro océano, donde se hace el procedimiento inverso: las cámaras de las esclusas van disminuyendo su cantidad de agua hasta que la embarcación baje esos 21 metros y lograr el nivel del océano nuevamente. Una vez en el mismo nivel las compuertas se abren y el barco continúa su viaje, esta vez en el otro océano.
Es impresionante ver esos gigantes avanzar  por las estrechas paredes del canal tirados de unos pequeños tranvías que los guían dentro del canal hasta llegar a las esclusas donde están las compuertas.
Cada barco que utiliza este canal le deja a la concesión y a Panamá miles de dólares. Según nos explicaba un trabajador de allí, los gigantes que transportan contenedores, pagan 80 dólares por cada contenedor, y llevan entre 2000 y 5000 contenedores (Mínimo 160.000  de dólares por utilizar el canal). Un promedio de 30-40 embarcaciones pasan diariamente por el canal.

Después de mi primer visita, tuve la fortuna de continuar en la ciudad cuando el Canal de Panamá anunció una oportunidad única. Las nuevas esclusas de Cocolí, que formarán parte de la ampliación del canal de panamá, se abrirían al público antes de ser llenadas de agua para siempre. Un día en la vida que pasará a la historia… Y tuve la dicha de poder visitarla, caminar por ellas entre enormes moles de cemento que contendrán las aguas por las que pasaran las embarcaciones…Compuertas corredizas, mucho más modernas que permiten hacerles las mantenciones sin tener que parar el tráfico de embarcaciones. Pise el suelo de las esclusas, observe de cerca las cámaras….Muchísimas personas, más de 50.000 fuimos los privilegiados de ese día. Panameños orgullosos de su obra, luciendo su bandera, felices por lo logrado, y  yo emocionada, por formar parte de ese día que quedará en la historia para siempre.








GUATAPÉ, Antioquía, Colombia.

Muy cerquita de Medellín, a menos de una hora, nos desviamos de la carretera, hacia Peñol. Avanzamos por hermosos paisajes hasta llegar a un pueblito llamado el Nuevo Peñol. Según cuentan, hace algunas décadas, dicho pueblo estaba localizado en otro sitio, a unos kilómetros, y literalmente fue “hundido”. Construyeron diques para aprovechar la fuerza del agua del río, y así dejaron bajo agua hectáreas y hectáreas que antes eran valles, formando un gran embalse que hoy tiene además gran atractivo turístico. El antiguo pueblo Peñol fue trasladado a este sitio, y el viejo, quedo íntegramente bajo el agua del embalse.
Con gran movimiento turístico dicho pueblito, ya que además está de paso a la ciudad de Guatapé. El Peñol, recibe su nombre por el “Peñol de Guatapé”.
Esta es una gran atracción natural, una enorme piedra, que como un solo bloque parece que emergiera de la tierra, formando un paisaje único. A esto se le suma que desde su cima (a la que se accede subiendo más de 700 escalones, se observa la mejor de las vistas del embalse, donde uno puede tomar real dimensión del tamaño que tiene, y los kilómetros de tierra que fueron hundidas para crear esa represa.
Uno de los paisajes más hermosos que he visto hasta ahora de Colombia. Pensábamos pasar la noche en el mismo Peñol, pero al caer la tarde una nube inundo el espacio, y decidimos bajar a conocer el otro pueblito cercano que figuraba en el mapa: Guatapé.
Y hasta allí nos dirigimos, sin imaginarnos la sorpresa que nos llevaríamos… Jamás había escuchado hablar de este lugar, ni lo había visto en ninguna foto de otros viajeros….
Con sus casitas típicas, todas con zócalos coloridos, y pintados que datan de comienzos del siglo xx. En los zócalos de sus casas, se cuenta la historia del pueblo, de los aborígenes y de la época de la colonización, con imágenes que también se refieren a lo que esa familia se dedica o dedicaba.
Muy tranquilo, con un bellísimo Malecón que da a una de las ramas del embalse que fue construido para generar una gran hidroeléctrica, y el que inundó más de 2000 hectáreas de campo, hoy llamado “mar interior de Antioquia” y desde donde salen embarcaciones para poder recorrerlo. Tirolesa, artesanías y platos típicos. La plaza principal con su típica iglesia y mucha, muchísima gente caminando por sus calles. Según nos explicaban llegamos un fin de semana largo y el pueblo estaba recibiendo muchos turistas.
Nos quedamos allí parqueadas, en la plaza central, desde donde salimos a pasear caminando, y a vender inciensos artesanales para generar dinero.
A la tardecita, y atraído por “la charrúa” se nos acercó a hablar un señor. Argentino, pero establecido en la zona hace más de 30 años…desde que Guatapé era una pequeña población. Oliver nos contó que vivía en una casa barco, “estacionada” a pasos del malecón, y construida totalmente por él. Nos invitó a conocerla y a tomar un “tinto” (café negro colombiano)en su casa. Allí charlamos con él y su amigo colombiano Jorge.  Se pasaron las horas mientras nos contaba historias y anécdotas del pasado, muchas de las cuales incluían al famoso narcotraficante Pablo Escobar, a quien conoció en persona en la década del 80, ya que Guatapé era elegido como destino turístico por Pablo y su gente por la cercanía de Medellín, y  la casa barco de Oliver era la elegida para salir a recorrer el embalse mientras disfrutaban de grandes fiestas abordo.
Esto es lo que disfruto de viajar, de interactuar con la gente y de conocer la historia contada por la gente que la vivió de cerca…Nos despedimos de Guatapé enamoradas del lugar, y con la promesa de regresar.












San Cipriano, una aventura sobre las vias del tren

Dejamos atrás las montañas y la ruta se volvió plana, y el calor se empezó a sentir más y más a medida que nos acercábamos a Cali.
En Cali nos esperaban Sebastián Quintero y Alejandra Ortiz, otros chicos que se habían hospedado en la casa de Yola, y que ahora nos recibían con los brazos abiertos en su ciudad.
Cenamos y nos fuimos a la casa de Sebas, que vive con su mamá. Alli dejamos las cosas y a la charrúa estacionada y partimos al centro a probar unas ricas “choladas” (Una especie de helado, parecido a la raspadilla peruana, hecha de hielo, con escencias dulces, y a su vez le agregan frutas y leche condensada). Muy rico! Vale la pena probarlo!
Al otro dia madrugamos para irnos a pasar el día a San Cipriano. Ubicado a unas 3 horas de Cali, y en el medio de la selva tropical colombiana  en dirección a Buenaventura, se encuentra este paraje. Para llegar dejamos el "carro" estacionado a un lado de la carretera, avanzamos por un puente colgante que atraviesa un rio y en una especie de villa muy humilde de casitas de madera ubicadas a un lado de una via ferrera y habitadas por afrodescendientes, tomamos una “brujita”. 
Las brujitas son un medio de transporte muy precario pero en el único que se puede avanzar para llegar a San Cipriano que esta ubicado Selva adentro. Las brujitas son una especie de plataformas hechas con maderas y con ruedas metálicas que se apoyan en los carriles de la vía. Estas plataformas son impulsadas por una motocicleta que lleva apoyada su rueda trasera en uno de los carriles de la via, y la otra rueda va enganchada a la plataforma. A estas les adosan una especie de bancos de madera sueltos, sin ningún tipo de agarre o cinturón que las asegure. Y asi nos sentamos en estos banquitos y empezamos avanzar a toda velocidad por la via durante unos 20 minutos. Toda una aventura de adrenalina porque cuando se ve a lo lejos que se acerca otra brujita o lo que es peor el propio tren, uno tiene que bajarse a toda velocidad de la brujita, y el conductor de la moto debe de sacarla junto con toda la plataforma de la via antes de que se produzca una colisión.
Así llegamos a San Cipriano, otra comunidad de afrodescendientes, donde se ha instalado una especie de parque nacional, ya que por allí corren las aguas de un rio muy cristalino. La intensa vegetación y el calor húmedo hacían que el camino fuera un tanto intenso y me persiguiera por momentos con el miedo a los insectos y la famosa chikunguña que en esos días era epidemia en Colombia. Caminamos unos 20 minutos y llegamos al rio. Realmente muy hermoso el paisaje, paradisíaco. 
Me hizo acordar a la selva venezolana que visité hace unos años atrás. El agua verde cristalina, que permitía verte los pies por mas profundo que te metieras. Nos zambullimos y refrescamos disfrutando de la soledad del lugar en medio de la naturaleza. El agua bien fresca que mataba el calor sofocante de la zona.
Pasamos el dia y a eso de las 14 hs regresamos a almorzar en uno de los restaurantes que las mujeres de la comunidad han hecho para explotar el turismo. Ya de tardecita el amigo de la brujita nos paso a retirar y a la vuelta conocimos a una parejita de ingleses con los que paramos en el Kilometro 18 a tomar un agua panela. Según nos contaba Sebastian, el km 18 es un sitio al que llegan los caleños para huir del intenso calor, ya que a pesar de quedar muy cerquita de la ciudad, en él uno puede disfrutar del frio. Y esto es realmente literal!! Cuando el calor de Cali no se soporta, uno sube hasta aqui donde la temperatura baja drasticamente dado la altura a la que se encuentra.
A la noche, y ya de regreso en Cali, fuimos a pasar la primera noche de salsa colombiana del viaje. Paramos en una especie de discoteca de salsa, y bailamos hasta mas no poder, con todos los caleños que nos invitaron! 

Pasto y la Laguna La Cocha

El camino de montañas con un color verde intenso que le da la vegetación, nos llevó por caminos muy curvados tipo caracoles que bajan y suben para avanzar sobre la cordillera. Casi 3 horas de andar para hacer 80 kilómetros, y finalmente llegamos a Pasto.
Allí nos esperaba mi amigo Sebastian, a quien había conocido en Ushuaia mientras el recorría Sudamérica en su moto. 
Pasto es una ciudad de unos 400 mil habitantes que queda ubicada en la falda del volcán activo Galeras. Realmente impresiona el tamaño del gigante con un diámetro importante que hace sentir pequeña y desprotegida a la ciudad.
La primera impresión de Pasto, sumada a algunos comentarios de los locales, me hizo sentir la presencia del “miedo” provocado por la situación social de las guerrillas, que dejó la huella muy marcada sobre todo en esta zona, donde aún quedan algunos rastros del tema. No pude evitar empatizar lo difícil de vivir así, esperando y a la expectativa de lo que pueda suceder. 
Independientemente de ello, nosotras disfrutamos el recorrido por la ciudad, al que se sumaron otros amigos de Sebas, y con los que fuimos a festejar el dia internacional de la mujer a la Laguna La Cocha, a unos 20 minutos de Pasto.
Según nos explicaron los chicos en esa parte de la cordillera se dividen las aguas que caen durante las lluvias. Hacia un lado corren por los ríos que desembocan en el atlántico y del otro lado bajan hasta el Pacífico. Un paisaje maravilloso, donde el frío se hace sentir hasta los huesos.
La Laguna esta ubicada en un valle, y tiene un tamaño importante. Canalcitos con puentes que los atraviesan y botecitos de madera para navegarlos. Casitas de madera con techos a dos aguas y sus chimeneas humeantes, la mayoría restaurantes, donde se ofrecen las truchas que se pescan en el lago, o una “panela caliente” con limón y queso fresco para matar al frío.
Nos embarcamos lago adentro en un día de pesca guiados por un amigo de Sebas que pertenece a una comunidad indígena de la zona, y quien nos relataba todas las historias y leyendas del lago, que hablan desde portales interdimensionales, sirenas y hasta monstruos que cuando aparecen indican que alguien va a desaparecer en el lago. Esas historias místicas que se repiten una y otra vez en lugares como este...
Pasamos una jornada increíble intentando pescar las benditas truchas que no querian aparecer…quizás estaban congeladas en el fondo o entre la enorme cantidad de juncos.
Pasamos hermoso y disfrutamos de profundas charlas....
Nada sucede por casualidad en esta vida, y cada una de las personas que me he ido encontrando en el camino han sido por algo. Una vez más me hicieron confirmar que este viaje es un viaje de descubrimiento y crecimiento de mi interior, de mi espiritualidad. En medio de la cena y cuando quisimos acordar todos estábamos hablando el mismo idioma y contando nuestras experiencias, creencias y aprendizajes. 

Me voy una vez mas agradecida a la vida por la oportunidad que me esta dando de conocer gente maravillosa, de poder estar haciendo este camino de autodescubrimiento, y de que me este llevando de la mano.








Santuario Las Lajas

A poquitos kilómetros de la ciudad fronteriza de Ipiales, en la región de Nariño, se encuentra esta maravillosa construcción arquitectónica ubicada en el cañón que forma el Río Guaitara. Fue construida como culto a la virgen Nuestra Señora de  las Lajas.

Según cuenta la leyenda, la historia de la virgen de las Lajas, se remonta a mediados del siglo XVIII, cuando una india descendiente de antiguos caciques pasaba por allí cargando sobre sus espaldas (siguiendo la costumbre andina) a  su pequeña hija que era sordomuda de nacimiento.
 Al llegar a la cueva del Pastarán, se detiene para descansar. La niña entonces se desliza suavemente de la madre y empieza a trepar por las lajas. De pronto María escucha que su hija le habla: “Mamita, vea a esta mestiza que se ha despeñado con un mesticito en los brazos y dos mestizos a los lados”. Desconcertada, no atina sino a coger a la niña y huir del lugar.
Al llegar a casa de la familia Torresano, sus antiguos patrones, cuenta lo ocurrido, pero no hay quien le crea. De regreso a su pueblo, cuando se aproxima nuevamente a la famosa cueva, los temores le comienzan a asaltar. Al llegar a su entrada, se detiene titubeante. Y con más fuerza la niña volvió a hablar: “¡Mamita, la mestiza me llama!” Nueva impresión, nueva carrera, nueva incógnita… ¿qué hay realmente en esa cueva?
Tan pronto como llegó a Potosí, contó lo ocurrido. La noticia corrió de boca en boca, los vecinos se congregaron en la casa de María, todos querían conocer directamente los pormenores del hecho. Mientras tanto, en medio del alboroto, Rosita desapareció. Apenas se dieron cuenta de la ausencia de la niña, se la buscó en vano por todas partes. ¿Adónde habría ido la niña? No había otra explicación: la niña había acudido ciertamente al llamado de “la mestiza”.
Hacia allá se trasladó también María en busca de su hija y allí se encontró con un maravilloso espectáculo: “Al llegar a la cueva vio sin sorpresa a su hija arrodillada a los pies de la Mestiza, jugando cariñosa y familiarmente con el rubio Mesticito”  que se había desprendido de los brazos de su Madre.

Y a partir de ese momento empezó a adorarse en ese lugar a la virgen, construyéndose allí la primer capilla.

Hoy, es una magnifica edificación en color piedra gris de estilo Neogótico, que impacta por su belleza y esas enormes arcos que cruzan sobre el río, uniendo un lado y otro del cañón.
En un lugar único, verde y entre montañas, con el ruido del agua del río que corre por el cañón y una pequeña cascada que cae hacia el río como un velo de novia....
Realmente un lugar hermoso, en el que uno puede conectarse con la naturaleza y su ser más interno, más allá de las creencias religiosas que se tenga.

En ese paisaje nos detuvimos con la charrúa y pasamos 2 hermosos días, en companía de otros viajeros del camino con los que compartimos la estadía.
La magia del viaje me sorprende una y otra vez, permitiendo encontrarme a mi misma, sintonizar y armonizarme con lo que me rodea. Santuario de Lajas, una experiencia hermosa!







COLOMBIA: El riesgo es que te quieras quedar!

Y siguiendo el patrón que me viene pasando desde que crucé la frontera de Uruguay, antes de entrar en un nuevo país, la gente me habla de los riesgos y peligros que me esperan en ese país. ¿Será que realmente me guía un ángel o los informativos fenomenalizan las noticias y las cosas no son tan así?

A casi medio territorio colombiano recorrido les puedo decir que como dice su campaña publicitaria, "El Único Riesgo es que te quieras quedar"!

Si bien aún existen zonas "rojas" en las que se puede percibir el temor de los locales por la guerrilla, las carreteras colombianas están muy bien custodiadas por personal del ejército que cada pocos kilómetros están a un lado de la ruta dando el OK con el pulgar hacia arriba, y asegurándose que puedas transitar con toda la tranquilidad.

Al llegar a Colombia, la cordillera de los Andes que me viene acompañando desde Tierra del Fuego, se divide en tres grande cordones, que forman un paisaje exquisito y diverso.
Selvas, valles con ríos caudalosos, playas paradisíacas, montañas,  y una calidad humana increíble.

Ese "cantico" tan entrador al hablar y la hospitalidad de los Colombianos me han hecho sentir como en casa...

Entré por la frontera que une Tulcán (Ecuador) con Ipiales (Colombia), y desde allí subiendo poco a poco ciudad por ciudad hasta llegar a Medellín. En cada lugar me han recibido amigos, y conocidos que nos esperaban abriéndonos las puertas de sus hogares y mostrándonos lo mejor de su país.
Así avanzamos subiendo y bajando montañas, pasando del frío intenso, al calor "berraco" de los valles, y descubriendo los detalles de sus costumbres.
Compartiendo, charlando y dejandome sorprender por lo que me depara el camino de este viaje sobre ruedas...











Lo de Fausto: Baños de Agua Santa, Ecuador.

Y hacia muchísimo tiempo escuchaba hablar de este lugar. Un pueblito en medio de las montañas, ubicado en la falda del hermosísimo volcán Tungurahua, rodeado de paisajes maravillosos, cascadas, y mucho verde.
 En la falda del volcán y un poco retirada del pueblo, está la casa de Fausto. Fausto es un hombre ecuatoriano de unos 60 años, propietario de ese inmenso terreno, y unos campos en los que planta tomates y tiene algunas vacas.
En el terreno, esta la casa en la cual vive, y al fondo una especie de complejo de piscinas con agua proveniente del volcán, saunas y baños turcos, abiertos al público local durante los fines de semana.
A un lado de las piscinas, una construcción de 2 pisos, con varias habitaciones y baños, y una cocina de uso compartido por todos los huéspedes.
La historia de la casa de Fausto comenzó unos 8 meses antes de mi llegada. Marcos Allara, un chico argentino que viajaba de mochilero, ingresa a una ferretería en la ciudad de Baños, a averiguar sobre algún lugar donde pudiera hospedarse a un precio económico. Al escucharlo, un familiar de Fausto, le indica que hable con él.
Hasta ese momento Fausto no hospedaba a nadie, vivía sólo en su casa, con sus piletas, y esa enorme construcción de habitaciones, que iba poco a poco avanzando, con su misma mano de obra, con la idea de en algún momento hacer una especie de “hotel” para turistas.
Un poco reacio al principio, no quería hospedar en su casa a un extraño, pero decidió darle una mano a Marcos, y le permitió quedarse en una de las habitaciones que estaban vacías.
Los días fueron pasando, y Marcos colaboraba con Fausto, siguiendo sus instrucciones y ayudándole a modo de mano de obra con las reformas de las piletas y de la casa. Poco a poco, charla a charla, Fausto le contó sobre su idea de finalizar el “hotel” para recibir turistas y así recaudar dinero.
De inmediato, Marcos, que llevaba bastante tiempo viajando  como mochilero por el Ecuador, le sugirió una idea: ¿Y si en lugar de turistas recibis viajeros? Sería mucho más sencillo para ti, y te generaría menos inconvenientes ya que los viajeros se las arreglan solos.

"Por ahí cobras un poco menos de dinero, pero en la cantidad de personas y el tiempo que se quedan terminarias ganando….no necesitas mucamas, ni ningún tipo de servicio, y a su vez, ellos te podrían colaborar con mano de obra a terminar las construcciones de las piletas, pintado de paredes y mantenimiento del lugar…"
La idea quedo dando vueltas en la cabeza de Fausto, y de a poco empezó a llegar algún conocido, y conocidos de conocidos… La casa de Fausto se transformó así en una gran comunidad de viajeros, que llegaban por pocos días y se terminaban quedando meses.

Y así llegue yo, gracias a Ludmila y Fernando que fueron los que me hablaron del lugar y con quienes había compartido unos 15 días en Canoa junto a su kombi "La Paponeta". El resto de los chicos, casi todos viajeros argentinos, mochileros, artesanos y artistas; y Yasmin, una chamana Colombiana que viajaba junto a su bebé Shiram y había parado hacía algún tiempo en lo Fausto.

Apenas pisé el lugar, me enamoré de su energía. Se respiraba un aire especial, mucho amor y armonía. Y fueron pasando los días entre charlas, comidas, aprendizajes…. 
Cada uno aportaba los suyo y entre todos nos nutríamos y crecíamos. Las horas del día se volaban, entre los gigantescos desayunos, todos de frutas, cereales, y alimentos sanos; luego cada uno se ponía a hacer lo que sentía, algunos a cantar, tocar guitarra, practicar yoga, hacer artesanías, pintar, construir una huerta o lo que el corazón dictara. Día tras día armonizándonos con el lugar, uniéndonos como familia, y forjando lazos entre nosotros que sin duda alguna perduraran a través del tiempo y la distancia.
Días de talleres en los que cada uno exponía y enseñaba al resto su arte: yoga, acro-yoga, teatro, macramé, cascas, plantas medicinales, huerta orgánica….y las noches de cine.
Ceremonias de limpieza y meditación, obras de teatro y circo, charlas a corazón abierto e intercambio de anécdotas y experiencias de viaje.
El vivir en la falda del volcán Tungurahua ponía el broche de oro al lugar y la sensación que vivíamos. A diario nos mantenía esperando escuchar sus estruendos que muchas veces hacían temblar hasta las ventanas! 
Fue emocionante vivir a sus pies y disfrutar su espectáculo de nubes, o durante las noches despejadas visualizar la lava descendiendo hacia una de sus laderas como hilos rojo-anaranjados incandescentes. Otro recuerdo que jamás olvidaré...
Me costó despedirme de todo y de todos, pero me fui con el corazón lleno, y un gran aprendizaje... 

En este sitio confirmé que parte de este viaje, es en realidad un viaje a mi ser interior, a lograr un crecimiento espiritual y a absorber todos los conocimientos y herramientas que en el camino me estén esperando.