Piriápolis, Uruguay. 7 de setiembre de 2013

Piriápolis, la ciudad en la que viví parte de mi adolescencia, nos esperaba junto a mi familia y algunos amigos que se acercaron a apoyarnos y desearnos suerte en el camino.
Es una ciudad que se destaca por la belleza de sus playas, rodeada de cerros como el San Antonio, al cual se puede ascender en vehículo o aerosilla para disfrutar de la vista panorámica de la ciudad, el puerto y el rio de la plata que en esta zona luce verde y transparente por la cercanía con el océano Atlántico.
Fundada por Francisco Piria, un alquimista visionario que se enamoró del lugar, y lo destaco por su energía, motivo por el cual se instaló construyendo un castillo, un hotel y un sin fín de construcciones que prepararon el lugar para sus visitantes.
La actividad se realizó en el gimnasio Ateneo, a las 11 de la mañana.
Si bien el clima no ayudo, se acercaron varias personas enteradas del evento a través de la radio y decidieron sumarse a la causa. Así conocimos a Ana, operada hacia 4 meses y aun en rehabilitación. Nos emocionamos muchísimo cuando ella nos relataba su historia y nos contaba que al escuchar que estaríamos allí, se dijo a si misma que no podía faltar, ya que quería aporta su granito de arena para que otras mujeres no pasen por eso.
También se acercó Claudia Sosa, una policía comunitaria, que superó ampliamente su labor profesional, colaborando con nosotras y hasta sumándose a la clase de gimnasia.
Mi madre, nos acompañó desde el primer momento, ayudándonos a promover la actividad y a reunir gente.

Nos quedamos el fin de semana entero disfrutando del hogar y la familia antes de continuar con la ruta.

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